viernes, 20 de marzo de 2015

LA IZQUIERDA DESUNIDA, SIEMPRE SERÁ VENCIDA

LA IZQUIERDA NO QUIERE GOBERNAR
Imposible no preguntarse, ¿Qué está ocurriendo con la  izquierda. Parece que no quisiera gobernar. La mayor amenaza a la que se enfrenta  viene de ella misma. Como manifestaba un comentarista: le gusta discutir y hacer publica sus diferencias, que los divide y los hace vulnerables.  “Su debilidad mayor, es no haber construido un proyecto de cambio, de gobierno y de sociedad distinto al de sus contendientes”, como lo señala  Luis Barquín Escobar. Por otro lado, comentaba un destacado periodista,   en el terreno electoral, su principal campo de actividad, su accionar es sobre todo para legitimar los gobiernos corrompidos y criminales. Un ejemplo concreto es el caso que desde 1980 no ha dejado de participar en ninguna de los procesos electorales, que como se conoce fueron instituidos para legalizar los peores y más sanguinarios regímenes de la historia republicana del Perú. Así, mientras que el Perú se desangraba en la vivencia de una etapa violenta con mas más de 15 mil personas secuestradas y desaparecidas, con decenas de centros de tortura a cargo del ejército, con cientos de cementerios clandestinos, con miles de ciudadanos en las brutales prisiones peruanas, y con más 40 mil asesinatos cometidos por militares, policías y grupos paramilitares del Estado, la izquierda vivía una verdadera primavera política con senadores, diputados, alcaldes, y hasta ministros salidos de sus canteras. Aun cuando está izquierda se ha presentado alineada con campañas reformistas y democráticas, su acción contribuyó a llevar al poder a individuos reaccionarios y pro americanos. Dentro de este marco y contexto, la izquierda fue soporte electoral del aprista Alan García Pérez, y lo fue también en 1990 de Alberto Fujimori y en el 2001 de Alejandro Toledo. La  historia política muestra que la izquierda legal, no solamente no se opuso al régimen de Fujimori, sino que convivió y colaboró en todo el proceso de instauración y desarrollo de la dictadura implantada desde 1990 hasta el año 2000. El 5 de abril de 1992 Fujimori con el apoyo de la CIA americana y las fuerzas armadas fraguó un autogolpe militar. Se constituyó en dictador y disolvió el congreso. ¿Qué hizo la izquierda?. Hizo unas cuantas fintas y publicó algunos comunicados en “defensa de la democracia” y del “estado de derecho”. Su “oposición al golpe” concluyó cuando los partidos y grupos de izquierda, juntos con una serie de agrupaciones de la derecha peruana, se movilizaron bajo el propósito de exigir al gobierno “Un Diálogo Genuino” con todas las fuerzas políticas, incluido naturalmente representantes del gobierno de facto. En el “Diálogo Genuino”, se exigió la concretización de un pliego de reclamos que consideraba entre otras cosas, elecciones municipales en 1992, la elección de un Congreso Constituyente y el “reforzamiento de las medidas de seguridad y lucha antiterrorista”. Entonces la pregunta es, ¿para que tendríamos que unirnos? ¿Para continuar siendo furgón de cola de los gobiernos de turno? Las respuestas no deben esperar. Mientras tanto, ahí va la nota publicada por Raul Wiener para la reflexión quedando en el tintero, ¿nos unimos o perdemos?.

¿PARA QUÉ TENDRÍAMOS QUE UNIRNOS?

Por Raul Wiener Lunes, marzo 16, 2015
1.     Pensando en el interesante artículo de mi amigo y camarada Pedro Francke[1], en la edición anterior de esta revista, concluyo que yo también quisiera ver ganar a la izquierda unida en las elecciones, con un buen programa y un candidato que las bases hubieran elegido en un procedimiento democrático, como el de un militante un voto, ninguna alianza con gente que tuviera un pasado que lo relacione con la corrupción y violaciones de derechos humanos, etc.
2.     Por cierto para que esto pudiera verdad la izquierda tendría que ser una corriente de masas, con una fuerza unificada y un liderazgo sumamente claro. Estamos bien lejos de eso, y cuando en los 80, estuvimos en camino de representar una opción de la política nacional, nos dividimos en medio de una discusión que era ajena lo que preocupaba en ese momento a la gente (la derecha se venía con todo y anunciaba un shock económico contra el pueblo), y terminamos perdiendo nuestros votos a favor de Fujimori. La lección fue clara, si la izquierda no quería el poder, y lo hacía tan evidente, su castigo lo recibiría en las urnas.  
3.     En el 2006, después de la larga sequía de los 90 y comienzos de los 2000, la izquierda que había hecho un gran esfuerzo por recuperar la legalidad de sus partidos, volvió a dividirse. Algunos pensaban que los PC y el viejo izquierdismo radical, eran una carga y de disociaron de ellos, como si eso fuera lo que la gente estuviera esperando para darles su apoyo, pero de esa situación quién sacó ventaja fue Humala, que llenó el espacio de radicalidad y cuestionamiento al modelo económico. Tres proyectos de izquierda sumaron menos de 2% de los votos y, por cierto la onda de choque de esta derrota fue tan poderosa que condujo a nuevos errores en la relación con Humala para las elecciones del 2011, que se convirtió en una mera asociación pragmática que se rompió cuando el comandante se dejó domesticar apenas llegado al poder. 
4.     Para las últimas elecciones municipales y regionales, la izquierda armó una alianza llamada Frente Amplio, que como he dicho otras veces, no tenía para nada claro a qué clase de amplitud se refería. Precisamente el artículo de Pedro que estoy comentando trata de estas confusiones, y que al final derivaron en una ruptura más, en la que unos querían ampliar la unidad hasta sectores de centro con asuntos muy discutibles en su trayectoria, pero que podían ser parte de un gran movimiento para frenar a Castañeda, y los otros, que se oponían a ello. El resultado fue que en cuatro meses, el Frente Amplio desapareció, aunque el partido de Pedro quedó con esa denominación que había adoptado para darle legalidad a toda la izquierda (solo Tierra y Libertad tiene inscripción electoral), hasta que todo voló en pedazos.
5.     Obviamente todas estas experiencias, y otras más, hacen desconfiar a muchos de que la izquierda llegará unida al 2016. De un lado los errores anteriores crean una presión porque se sabe que la división lleva al fracaso, y de otro hay diversas concepciones en juego y distintos objetivos de unos y otros. No es lo mismo sentarse a discutir con la inscripción en la mano, que hacerlo sin ese prerrequisito como le ocurre a los demás, y tener en la memoria más reciente lo que significó esta correlación hace menos de un año. Por eso todos buscan algún aliado con inscripción aunque sea un membrete, como una manera de equilibrar las negociaciones.
6.     La pregunta me parece que no es “¿con quién debemos unirnos?” , sino “¿para qué tendríamos que unirnos?”. En la primera formulación empezamos a discutir los defectos y pecados, de cada posible aliado, y nos quedamos con los que nos definimos como los buenos. En la segunda, lo que se intenta es que dejemos de mirarnos a nosotros mismos para colocarnos frente a los problemas y necesidades del país. Qué decir a aquella parte de los votantes que en el 2011 votó por cambios profundos, soberanía y una democracia que les diera más derechos, y que ahora mira que la única alternativa que se le presenta al frente es una segunda vuelta entre el fujimorismo y el APRA de García. Hay una enorme ansiedad en el Perú por cambiar los términos de la elección y los riesgos que esto arrastra. Pero la izquierda parece a veces abstraída del reto político que está sobre la mesa.
7.     Las presidenciales que se vienen plantean tres desafíos claros: (a) identificar a una corriente de izquierda, con los ojos puestos en la escena política, con sus banderas propias, pero capaz de actuar con suficiente amplitud para ayudar a darle al país una salida de poder contra el avance de la extrema derecha; (b) reconquistar ilusiones de transformación que se perdieron con la traición de Humala y ratificar que en el Perú los sectores progresistas, nacionalistas e izquierdistas, representan una fuerza significativa, con profundas ganas de dirigir el país; (c) atraer, en primera, o segunda vuelta, la mayor cantidad de aliados entre los sectores que se sienten igualmente amenazados por la posibilidad que la ultraderecha capture todo el poder.
8.     ¿Debe haber una forma democrática (un militante, un voto), para definir las propuestas de candidatos de la izquierda. Teóricamente parece la mejor vía para resolver diferencias. Pero he visto varias veces, estallar la unidad por violentas discusiones sobre los padrones (quiénes tienen derecho a votar y quiénes no), los independientes, los izquierdistas que no está afiliados (por ejemplo, yo), y sobre la forma de votación y cómputo etc. ¿Tenemos el tiempo y la voluntad de dedicar los meses siguientes a construir una izquierda democrática?, ¿acaso no es cierto que Tierra y Libertad tiene su propio padrón, que ahora se llama del Frente Amplio y un número de inscritos, mientras los demás tendrían que sumarse al mismo?, ¿es esto realista? El 2016 está demasiado cerca para que esto funcione. Tal vez una dirección colegiada puede ofrecer una propuesta de consenso que las bases puedan votar casi simbólicamente, para darle fuerza. Pero eso de primarias de la izquierda no es posible, y debatir sobre ello, es una forma de evadir definiciones en circunstancias muy difíciles.
9.     Finalmente no objeto la pertinencia del programa que levanta Pedro: empleo digno y bienestar social, educación y salud de calidad para todos, ampliar derechos civiles, enfrentar la corrupción y lograr nueva Constitución. Pero falta decir que ofrecemos un gobierno no sometido a la Confiep y a la gran prensa; que haremos participar a la población en todas las decisiones importantes; que reformaremos el sistema político (todos los partidos tendrán que reinscribirse y rendir cuentas claras de sus gastos); que reforzaremos las instancias de integración latinoamericana; que reorganizaremos el sistema anticorrupción; que brindaremos seguridad y paz para todos los peruanos.  

16.03.15 Publicado en Hildebrandt en sus Trece

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